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Anomia

En ciencias sociales, el concepto «anomia» se utiliza generalmente para describir una situación en la que un individuo o conjunto de individuos carece de conductas que los motiven a cumplir con los objetivos de la comunidad, propuestos por los escalafones más altos de la estructura social. La anomia, empleada innumerables veces por la teoría sociológica actual, es entendida entonces como una conducta desviada de las personas que no logran atenerse a las normas que regulan la convivencia.

Este término refiere a una conducta desviada, por lo que resulta frecuente verlo asociado a los estratos socioeconómicos más bajos de una sociedad. Puede interpretarse entonces que la anomia es la expresión visible de la incapacidad de gobernar a un conjunto de personas, y dicha crisis explota a través de conductas no sociales encarnadas por un individuo o una subcultura. Dentro de éstas, las más comunes son el crimen, el suicidio, el alcoholismo y los desórdenes de tipo psicológico.

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Anomia

La palabra «anomia» fue acuñada por primera vez por el sociólogo francés Emile Durkheim en su libro «La división del trabajo social» y ejemplificada detalladamente mediante la publicación de su trabajo de investigación conocido como «El suicidio», obra que se encarga de dar a conocer algunas de las causas que conducen a los miembros de la sociedad capitalista francesa a acabar con su vida. Dentro de ellas, distinguió la fuerte presencia del «suicidio anómico», una variante de esta práctica originada por el exceso de alienación.

Posteriormente, el concepto fue retomado por Robert Merton en su libro «Teoría social y estructura social», obra en la que detalló además las tres leyes fundamentales que conducen a la anomia. De acuerdo con Merton, para poder hablar de esta situación, es preciso reconocer tres leyes fundamentales: la presencia de fines culturales, el reparto de medios para alcanzar esos fines y la regulación de esos medios. Esto significa que, según el autor, la anomia puede pensarse como una disociación entre los fines culturales y el acceso a los medios que los garantizan.

Si bien es posible asociar este concepto a otros, tales como el de contrato social o desviación, es preciso realizar una distinción propia de dicha palabra. En todos los casos, la anomia se refiere al accionar de un actor social que cumple una función dentro de la sociedad pero que carece de normas que lo conduzcan al éxito colectivo. De esta forma, la solidaridad orgánica durkheimiana no tiene lugar aquí, puesto que las leyes morales que regulan la conducta quedan obsoletas y desinstitucionalizadas, ocasionando el acceso desigual a las oportunidades.

Más allá de que Durkeheim haya resuelto definirla como la ausencia de normas y de que Merton haya escogido pensarla como la imposibilidad de acceder a ciertos medios, la anomia ha sido considerada un concepto fundamental dentro de toda la teoría sociológica y psicológica contemporánea, pues resulta eficiente para explicar tanto los deseos de innovación y cambio como las posturas de asimilación y acomodación dentro de una comunidad, en el marco de un contexto de tensión social.

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