Teleología

«Teleología» es una palabra que proviene de la conjunción griega entre «teleo», que significa fin, y «logos», que significa discurso, por lo que esta etimología indica que se trata de una disciplina encargada del estudio de las finalidades. En efecto, la teleología es una rama de la corriente filosófica llamada Metafísica y tiene como objeto de estudio fundamental a las finalidades y a los objetivos finales de toda clase de procesos. En definitiva, no es más que una preocupación por el sentido de las cosas del mundo.

El origen de esta palabra puede rastrearse en la Grecia Antigua, escenario en el que el filósofo Aristóteles propuso las cuatro causas de los objetos, siendo las mismas: materiales (que aluden a la composición de la cosa), formales (que remiten a aquello que le otorga un ser al objeto), eficientes (vinculadas con la pregunta de quién ha producido el objeto) y finales (las que están relacionadas con el por qué de su existencia). Si bien cada una de estas causas era de cabal importancia para la comprensión del universo, eran las finales las de mayor importancia.

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Teleología

Durante la Edad Media, el concepto de «Teleología» fue enormemente utilizado por el recientemente conformado cristianismo para explicar los hechos divinos. En aquel entonces, la comprensión del por qué de las cosas era entendida como una preocupación necesaria para lograr desentrañar los mayores misterios religiosos y universales, preocupación que sólo podía ser resuelta mediante la utilización de la doctrina filosófica. Es así como surge la Escolástica, una corriente grecolatina centrada en el estudio de las revelaciones cristianas.

A pesar de que esta doctrina resultó particularmente exitosa durante esta etapa de la historia, a partir del siglo XVI se produce la famosa crisis de la Edad Moderna, que tiene como una de sus principales características el abandono de la teleología para la explicación del mundo. Es así como, durante esta nueva era, la idea de que las causas finales son capaces de explicar al universo resulta fuertemente criticada, y en su lugar se opta por poner mayor atención en las causas eficientes. Esta premisa es la base fundamental de un movimiento llamado mecanicismo.

Posteriormente, el concepto de teleología fue retomado de manera implícita en la teoría de la evolución de las especies de Charles Darwin. De acuerdo con sus principios más importantes, las especies son capaces de manifestar transformaciones aleatorias llamadas mutaciones, que se ponen en juego al momento de luchar por la existencia frente a otras especies. Si estas mutaciones resultan beneficiosas para la supervivencia, este individuo logrará reproducirse y transmitir estas mutaciones a su descendencia a través del material genético, hecho que marcaría la evolución de una especie determinada.

Si bien la teoría de Darwin fue reformulada por la corriente neodarwiniana que aún se considera vigente en nuestros días, existió anteriormente otra hipótesis que mostraba de manera explícita la tendencia del ser humana hacia una teleología. En efecto, la teoría lamarckiana postulaba que existía dentro de cada especie un impulso vital y divino hacia la perfección, considerada como el fin último de todo lo viviente en la naturaleza. No obstante, esta idea ha sido superada por completo y reemplazada por la hipótesis mutacionista.

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