Globalización

La globalización es un fenómeno contemporáneo que data de mediados del siglo XX de características políticas, económicas, sociales y culturales, que consiste en alcanzar una interdependencia total entre una enorme cantidad de regiones del mundo gracias a la implementación de medidas económicas, la adopción de estrategias tecnológicas y la distribución de productos culturales. Todo esto produce un enorme conglomerado en el que se construye, se adopta y se reproduce una nueva cultura a escala global.

La globalización suele ser definida como un proceso dinámico llevado a cabo por naciones que practican tanto el capitalismo democrático como la democracia liberal, que han decidido abrir sus fronteras en pos de dejar la vía libre para que la revolución tecnológica se instale en su territorio. Esto ha provocado como consecuencia una democratización y liberalización de sus estructuras políticas y económicas, a la vez que ha reducido el peso de sus aparatos jurídicos.

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Este fenómeno se caracteriza por ser un proceso de origen paulatino y desarrollo veloz, puesto que, si bien sus inicios datan de la década de 1960, es durante fines del siglo XX, más específicamente luego de la caída del comunismo y el fin de la Guerra Fría, que su expansión se acelera enormemente a lo largo y a lo ancho de todo el mundo y continúa hasta nuestros días, gracias a la utilización de novedosas estrategias económicas.

Uno de los aspectos principales que debemos tomar en cuenta a la hora de hablar de globalización es la integración de las pequeñas economías regionales en un sistema de gran escala a nivel mundial. Es así como surge lo que llamamos “nueva economía”, una doctrina que considera que tanto los modos de producción como el flujo de capitales debe ser determinado por todo el mundo, favoreciendo en esta elección a las empresas multinacionales.

En este marco, es comprensible que dos de los requisitos principales para ser parte de este nuevo orden mundial sean la reducción del peso de las leyes nacionales (para evitar todo tipo de restricciones locales, por ejemplo, en materia de asuntos ecológicos) y la eliminación de barreras económicas (para que los países más favorecidos puedan obtener mejores ganancias, sacando provecho de las condiciones económicas de los países con rentas bajas).

Asimismo, si hablamos de globalización es fundamental tener presente el aspecto social, ya que a través de este es como se consolida su aparato ideológico. La sociedad de consumo desempeña un importante rol a la hora de seducir a los países periféricos respecto a los beneficios de la globalización, puesto que propone la idea de que una enorme cantidad de bienes y servicios deben ser adquiridos en el mercado para satisfacer necesidades reales y artificiales.

Esta tendencia se complementa de manera perfecta con el aspecto cultural de dicho fenómeno, que consiste en la construcción de una única aldea global unida por el hábito consumista, que nos permite pensarnos iguales a otros individuos que viven en los países con las rentas más altas de Occidente. Esta falsa idea de multiculturalismo encubre en realidad a un enorme y deliberado proceso de occidentalización del mundo.