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Retardo mental

El retardo o retraso mental es una afección al funcionamiento intelectual que se diagnostica generalmente antes de los 18 años. Esto implica que la persona con retraso mental carece de ciertas destrezas y un coeficiente intelectual debajo del promedio. Cabe mencionar que ya no se denomina retardo mental a esta afección, que se trata de un término en desuso.

Sobre las causas de esta afección, existen numerosas causas para esta discapacidad pero solo se han identificado las razones de un porcentaje de los casos. Y hablando de porcentajes, se estima que el retraso mental afecta entre el 1 y el 3% de la población. Los especialistas sí han logrado identificar una serie de factores de riesgo que la causan.

Entre los factores de riesgo se encuentran: Factores ambientales, anomalías cromosómicas, infecciones, factores metabólicos, nutricionales, traumatismos y factores tóxicos (como el consumo de sustancias por parte de la madre). También existen ciertos factores de riesgo que pueden resultar inexplicables, es decir que los médicos no saben el por qué de la discapacidad.

El retardo mental afecta el desarrollo y funcionamiento intelectual del individuo.

Con respecto a los síntomas de esta discapacidad, podemos mencionar algunos como: Dificultad para acatar o entender las reglas sociales, falta de curiosidad, incapacidad para adaptarse. También suelen presentar un comportamiento infantil continuado, retraso en el desarrollo de algunas destrezas y habilidades (lingüísticas, motoras, etc.), les cuesta mantenerse al día en la escuela.

Más allá de los síntomas mencionados, cabe señalar que los signos de esta capacidad pueden ir de leves a graves. Para diagnosticar el retraso mental se emplean una serie de pruebas del desarrollo para conocer el estado del niño. Entre esas pruebas se encuentran la del desarrollo de Denver anormal, se nota un desarrollo inferior al de sus pares, su coeficiente intelectual es por debajo del promedio lo mismo que su comportamiento adaptativo.

En cuanto al tratamiento, el objetivo del mismo apunta a desarrollar el máximo potencial del niño. Así se procede a entrenarlo y brindarle una educación especial, en ocasiones desde el momento de la lactancia. También se los ayuda a trabajar en destrezas sociales que los ayudan a adaptarse y relacionarse con los demás.

Diagnóstico y tratamiento

Resulta primordial que la persona con retraso mental sea evaluada por un especialista para dar un diagnóstico adecuado. Esto también sirve para conocer si el individuo cuenta con algún otro problema de salud física o mental. Una vez diagnosticado, en los casos de discapacidad intelectual se recomienda una terapia conductual.

Además de esta terapia, los especialistas pueden recomendar otros tratamientos para que el niño alcance todo su potencial. A medida que crecen se pueden sugerir otros enfoques o tratamientos que ayuden en su tratamiento. Un ejemplo de esto son los grupos de apoyo donde se juntan varias personas con el mismo diagnóstico para hablar sobre su condición.

Por último cabe mencionar que padecer este tipo de discapacidad no les impide llevar una vida normal. El objetivo de estos tratamientos es ayudarlos a adaptarse y adquirir las destrezas necesarias para desenvolverse en la vida. Sin embargo, cada caso es único y es importante que tanto sus seres queridos como sus médicos lo acompañen en el proceso.

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