Soledad

La palabra soledad deriva del latín: solĭtas y significa la falta de compañía, ya sea humana o de otro ser vivo. Básicamente, implica la ausencia de contacto con otras personas. La soledad puede ser voluntaria o involuntaria de acuerdo con la situación que la genere.

La soledad voluntaria tiene que ver con una decisión del individuo que desea evitar las relaciones humanas, por lo general tiene que ver con momentos de reflexión o de una necesidad por concentrarse en algo específico que demande mucha atención.

Por el contrario, la soledad involuntaria tiene que ver con una condición impuesta por un agente externo a la propia persona. Puede tratarse de un aislamiento impuesto por la sociedad, por profesionales de la salud o por una enfermedad contagios, por ejemplo.

La soledad es subjetiva, puede ser física o mental, y podría decirse que salvo contadas excepciones, la soledad absoluta no es factible. Por más que nos encontremos en soledad, siempre hay alguna persona con la cual nos conectamos ya sea física o emocionalmente. La soledad puede ser percibida de diferente manera por las distintas personas.

Estudios revelan que los jóvenes suelen adaptarse más fácilmente a la soledad.

Hay quienes buscan y necesitan contar con momentos de soledad, ya sea para descansar y relajarse como para concentrarse e inspirarse en determinada tarea. De todos modos cuando la soledad se prolonga en el tiempo, suele causar malestar, dolor, depresión, y tiende a dificultar luego la normal relación con otros seres humanos.

Distintos tipos de soledad

La soledad que busca una persona, recomendada muchas veces por un psiquiatra o psicólogo con el fin de encontrarse consigo misma y conectar con su ser. Esta es una soledad placentera ya que tiene como finalidad el equilibrio mental.

Los monjes por ejemplo de diversas congregaciones ven en la soledad el medio favorable para cultivar su espiritualidad. Los hay que viven en completa soledad y también los que viven en comunidades pero sin entablar conversaciones con sus pares.

La soledad como castigo de la sociedad es una práctica comúnmente utilizada para reprender a quienes llevan a cabo un acto reprobable. La prisión tiene como fin excluir al delincuente del resto de la sociedad. Asimismo, dentro de la prisión se suelen aislar a aquellos presos que representan un peligro para los demás o para ellos mismos.

Lo mismo se aplica en las instituciones de internación psiquiátrica, donde se aísla a aquellos pacientes violentos o que tengan una influencia negativa sobre el resto de los internos. Esta soledad puede ser total, en cuyo caso tienen contacto únicamente con los profesionales que los traten o parcial, permitiéndose el trato con otros pacientes similares.

Otro ejemplo de soledad es la del aislamiento productivo, cuando se realizan experimentos y el sujeto obtiene un beneficio por exponerse al aislamiento. También está la soledad por enfermedad ya sea porque el enfermo no puede exponerse a los riesgos de interactuar con otras personas o porque su condición es contagiosa y pone en peligro la salud de los demás.