Onanismo

La palabra “onanismo” hace alusión al nombre Onán, un personaje bíblico que aparece en el libro del Génesis. Onán es el responsable del origen del término “onanismo”, que es utilizado con frecuencia como sinónimo del acto masturbatorio. Más allá de este significado ampliamente difundido, existe una polémica en torno a su definición, puesto que la Real Academia Española (RAE) ha reconocido recientemente que el onanismo es en realidad una variante del coito interrumpido o coitos interruptus.

De acuerdo con la historia bíblica, Onán era el hermano menor de Er, ambos hijos de Judá. Er estaba casado con su esposa Tamar, pero luego de fallecer, la misma quedó viuda y su cuñado tuvo que casarse con ella, tal como lo dictaba la Ley Judía. Según este principio tradicional, Onán debía mantener relaciones sexuales con su cuñada con la condición de embarazarla para darle un hijo a ella y a su hermano difunto. Con esto, se garantizaba que su hijo fuera descendiente directo de su hermano fallecido y así heredara los derechos de primogenitura.

En definitiva, Onán debía embarazar a su esposa pero respetando la creencia judía de que no había sido él quien la embarazó, sino su hermano fallecido. Por lo tanto, este hombre era el responsable de garantizar la descendencia de su hermano para que el nuevo niño heredara todos los bienes de su supuesto padre. Sin embargo, al saber que él quedaría relegado a un segundo lugar, decidió no embarazar a Tamar, eyaculando afuera de su vagina en cada relación sexual. Como consecuencia de esta aberración, Dios decidió castigarlo acabando con su vida.

Debe tenerse en cuenta que, en aquel entonces, el principal propósito del matrimonio era el de concebir hijos que luego se hicieran cargo del cuidado de sus padres mayores, por lo que si una mujer quedaba viuda era una obligación del hermano del difunto proporcionarle un hijo. Es en este marco que se concibe la actitud de Onán como una conducta demasiado cruel, pues los hijos eran los únicos capaces de evitar que la viudez se convirtiera en una situación miserable.

Si bien se cree que el castigo era el resultado del egoísmo de Onán frente a la idea de perder la parte de la herencia de su hermano, en realidad, la ley judía lo condena por derramar su semilla en el suelo. De acuerdo con los principios de esta religión, practicar tanto la masturbación como el coito interrumpido es una ofensa grave a Dios, pues se está dejando caer en el suelo el semen, considerado como el principal garante de la generación de la vida humana.

Posteriormente, esta historia fue retomada por algunos referentes de la Iglesia Católica para prohibir las actividades asociadas con el “pecado de Onán”. En este sentido, el catolicismo condena y aborrece el desperdicio de la semilla, pues lo considera como un acto que promueve la contraconcepción al ser el semen el garante de la vida. Por esta razón, Clemente de Alejandría se ha encargado de ordenar que la semilla no fuera eyaculada en vano ni dañada ni desperdiciada.

Sinónimos de onanismo

coito interrumpido, masturbación, pecado